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Cada
plato refleja la historia de un pueblo, su cultura, sus
productos y su gente.
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Debido
al avance de la comida rápida y la masificación
de la comida internacional, hoy son pocos los restaurantes
que se especializan en comida chilena. |
Cuando
se habla de comida típica chilena los primeros platos
que vienen a la mente son empanadas, cazuela y pastel de choclo.
Pero, en general, no existe un verdadero conocimiento sobre el
origen de estos platos y se desconocen otros que en algunos pueblos
de Chile resultan típicos.
El
chef David Barraza, profesor del Instituto Duoc UC, investigador
de la gastronomía nacional y miembro de la Asociación
de Chef Internacional Les Toques Blanches –grupo de especialistas
que fomenta el desarrollo de la identidad cultural de la gastronomía
chilena- explica que los alumnos, cuando entran a estudiar gastronomía,
no conocen mucho sobre la cultura gastronómica.
“Cuando
uno les pregunta qué conocen de la cocina chilena ellos
señalan los platos más emblemáticos, pero
no saben lo que existe en cada zona geográfica, y esto
pasa en general con la gente joven”, señala David.
Incluso
en provincias hay más interés por lo que pasa en
la capital que por conocer su propia cocina, dejando de lado
platos que se dan sólo en algunos pueblos. Se ignoran,
por ejemplo, las 300 variedades de papas que existen en Chiloé y
platos del Norte de Chile como la Calapurca y los picantes.
La
Calapurca se prepara principalmente para la fiesta religiosa
aymara. Las mujeres se reúnen y trabajan durante toda
la noche en su preparación, ya que la carne o pescado
debe cocerse con piedras calientes, para actualizar el nexo sagrado
con lo antepasados.
Otros
platillos como el castor en Punta Arenas o el armadillo en la
Pampa, son muy demandados en el sur, pero las personas no siempre
saben lo que están consumiendo. “Estamos frente
a una falta de conocimiento respecto de los platos que se consumen
y sus orígenes, y detrás de cada plato hay una
historia que es importante conocer”, afirma el chef.
Con
el avance de la comida rápida y la masificación
de los platos internacionales, hoy son pocos los restaurantes
que se especializan en comida chilena. No es fácil encontrar
-especialmente en Santiago-, por ejemplo, sopaipillas de harina
de piñón, fruto tan propio de la cocina mapuche.
No
hay conocimiento de los ingredientes que tenemos y lo que se
puede lograr con ellos. Por eso es importante educar a la población
sobre los diferentes alimentos, sus propiedades y formas de preparación.
Por
eso es importante que se enseñe, especialmente a los estudiantes
de gastronomía, el valor de la cocina chilena y que aprendan
a preparar platos que en algún minuto fueron sustento
para diferentes comunidades en Chile.
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